La familia de los púrpura, el más enigmático de todos los tonos, combina el entusiasmo del rojo y la tranquilidad del azul. En esta unión de dos emociones diametralmente opuestas siempre existe un acto de equilibrismo fundamental. Los púrpuras más rojizos resultan más cálidos y pasionales, mientras que los basados en tonos azules invitan a la reflexión. No es ninguna sorpresa que aquellos que prefieren la exclusividad inherente a este extraordinario color, el más complejo del arcoíris, y a cualquiera de sus subtonos y matices suelen ser personas creativas y poco conformistas.
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